China | El auge del “Chinamaxxing” y el inesperado giro de su poder blando

A China se le han dado bien muchas cosas: fabricar barato, ponerse al día en inteligencia artificial, dominar las energías renovables y construir poder duro. En lo que ha sido menos buena es en el poder blando. Pero eso parece estar cambiando. ¿Has oído hablar de Chinamaxxing? Sigue leyendo. Mi colega Vivian Wang escribe desde Pekín sobre cómo China se está ganando los corazones y las mentes. (Advertencia de espóiler: es posible que en realidad no tenga mucho que ver con la propia China). ImageCuadrícula de cuatro capturas de pantalla de TikTok. Capturas de pantalla de TikTokCredit...@sosadeee10; @auntie.boy; @jastsam1 La China que le gusta a la gente Por Vivian Wang Advertisement SKIP ADVERTISEMENT La semana pasada, mi colega Yan Zhuang escribió sobre una curiosa tendencia: jóvenes en TikTok que se están “convirtiendo en chinos” mediante la adopción de comportamientos que se asocian estereotípicamente con ese país, como beber agua caliente, usar pantuflas y comer sopa de arroz. Es posible que “convertirse en chino” (o “Chinamaxxing”, si prefieres ese término) solo sea una moda de TikTok. Pero encaja con algo que he observado recientemente: para un número cada vez mayor de personas de todo el mundo, China parece estar volviéndose más atractiva. Importantes personalidades estadounidenses, como el youtuber IShowSpeed y el realizador de transmisiones en directo Hasan Piker, han viajado a China, donde han alabado sus trenes de alta velocidad y sus espectáculos de luces LED. La estrella de la NBA Victor Wembanyama pasó 10 días meditando en un templo Shaolin. Una nueva chaqueta Adidas inspirada en el histórico traje Tang fue un éxito de moda viral. Y, por supuesto, están los Labubu. A lo largo de sus décadas de ascenso, China ha sido buena (y cada vez mejor) en muchas cosas: desarrollar tecnología, dominar las cadenas de suministro, acumular poder militar. En lo que no ha sido tan buena (hasta ahora) es en ganarse los corazones y las mentes, especialmente en Occidente. ¿Qué ha cambiado? Es posible que no tenga mucho que ver con la propia China. Una estrategia de comunicación más inteligente y una infraestructura deslumbrante Las dificultades de China con el poder blando se han reducido normalmente a su gobierno autoritario, que ha afectado la imagen del país en el extranjero de múltiples maneras. (La semana pasada, un tribunal de Hong Kong condenó a Jimmy Lai, el magnate de los medios de comunicación que está a favor de la democracia, a 20 años de prisión). Advertisement SKIP ADVERTISEMENT La censura gubernamental también ha impedido a muchos extranjeros ver toda la gama de la creatividad china. En lugar de eso, el gobierno se ha esforzado mucho en fabricar una versión autorizada por el Estado de lo que es atractivo de China, con películas poco sutiles. (¿Recuerdan la película La gran muralla, protagonizada por Matt Damon? La mayoría de la gente no). El autoritarismo no ha cambiado, pero el gobierno se ha vuelto más astuto en sus esfuerzos de comunicación, por ejemplo, ha facilitado que los turistas extranjeros visiten China. La mayoría de los turistas ocasionales no se encontrarán aquí con los controles políticos más asfixiantes, y podrán relacionarse con personas chinas de a pie, en toda su diversidad. Los visitantes suelen decir que les sorprende lo normal que parece la vida cotidiana. Image El escaparate de una tienda muestra hileras de figuras de peluche de colores pastel, parecidas a conejos, con los ojos muy abiertos. La mano de una persona señala figuras coleccionables más pequeñas que hay debajo. Los Labubu, fabricados por una empresa china, se han convertido en una moda mundial.Credit...Go Nakamura/Reuters Pero la principal razón del repentino atractivo de China puede tener poco que ver con China misma. Las encuestas muestran que las opiniones sobre China en Occidente siguen siendo, en general, mayoritariamente negativas. Lo que ocurre es que Estados Unidos, para muchas personas de todo el mundo, también tiene mala pinta. Y según los estudiosos, si la gente busca una alternativa a Estados Unidos, China puede ser el lugar más obvio al que dirigirse. Incluso al margen de las acciones más drásticas del gobierno de Donald Trump —sus amenazas de tomar Groenlandia, su defensa de las muertes a manos de agentes federales en Mineápolis—, existe la sensación de que Estados Unidos no ha proporcionado cosas básicas, como infraestructuras que funcionen. En comparación, los relucientes trenes de China parecen atractivos. Advertisement SKIP ADVERTISEMENT Esta fractura política y cultural ha “debilitado significativamente el atractivo de Estados Unidos”, me dijo Ying Zhu, académica de cine que ha estudiado el poder blando chino. “El atractivo de China en este momento es más una reacción” a eso que un entusiasmo real por la propia China, dijo. ¿Ese cambio de actitud puede durar? Sin embargo, estas posturas cambiantes —independientemente de lo que haya detrás de eso— podría tener implicaciones reales en la forma en que otros países se acerquen a China. Muchos líderes de Occidente han visitado Pekín recientemente y han promovido el comercio y el intercambio cultural, a pesar de las críticas de los halcones de China en sus propios países. Si hubiera menos presión interna, este tipo de visitas podrían ser más fáciles y frecuentes. Y probablemente habría menos apetito por tomar medidas contra China, como vimos en la oposición de muchos jóvenes estadounidenses a la prohibición de TikTok. Una encuesta reciente de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional reveló que la mayoría de los estadounidenses, especialmente los más jóvenes, no estaban muy preocupados por lo que ocurriría si China superara a Estados Unidos en influencia mundial. Esto “genera dudas sobre si el público estadounidense estaría dispuesto a soportar costos significativos para mantener una posición de poder superior a la de China”, escribieron los autores. Una cuestión importante es si este cambio de percepción puede durar. Zhu se mostró escéptica. “Las tendencias culturales van y vienen”, dijo. “La moda y las tendencias son sensibles a la cambiante dinámica geopolítica”. Señaló que, a pesar de las tendencias virales y los Labubu, China todavía no ha producido, por ejemplo, una película de éxito mundial. Pareciera que algunos sectores del gobierno chino también están preocupados por la posibilidad de que el poder blando de otros países siga siendo más fuerte. El mes pasado, el Ministerio de Seguridad del Estado publicó una advertencia, aparentemente dirigida a los influentes chinos, sobre las publicaciones que presumen vidas brillantes fuera de China. “Muestran de forma unilateral los aspectos glamurosos de países extranjeros. Peor aún, algunos han ignorado selectivamente los logros del desarrollo de China”, decía el mensaje. “Eso brinda una oportunidad para la ‘agresión blanda’ de la ideología occidental”.

Fuente original: The New York Times
Autores de origen: Katrin Bennhold


Durante décadas, China ha destacado por su capacidad para fabricar a bajo costo, avanzar rápidamente en inteligencia artificial, liderar las energías renovables y fortalecer su poder militar. Sin embargo, su punto débil ha sido tradicionalmente el poder blando. Esa situación, al menos en apariencia, comienza a cambiar con un fenómeno cultural emergente conocido como Chinamaxxing.

La tendencia, popularizada en TikTok, muestra a jóvenes de distintos países “convirtiéndose en chinos” mediante la adopción de hábitos asociados estereotípicamente con el país asiático, como beber agua caliente, usar pantuflas en casa o comer sopa de arroz. Aunque podría tratarse de una moda pasajera, encaja con una percepción más amplia: China empieza a resultar más atractiva para audiencias globales.

Figuras públicas estadounidenses han contribuido a esta narrativa. El youtuber IShowSpeed y el streamer Hasan Piker han viajado a China y elogiado su infraestructura, desde trenes de alta velocidad hasta espectáculos de luces LED. El jugador de la NBA Victor Wembanyama pasó varios días meditando en un templo Shaolin, mientras que productos culturales como una chaqueta de Adidas inspirada en el traje Tang o las figuras coleccionables Labubu se han vuelto virales.

Históricamente, el autoritarismo del Estado chino ha limitado su atractivo en Occidente, junto con la censura y los intentos oficiales por promover una imagen cuidadosamente controlada del país. No obstante, sin modificar su sistema político, el gobierno ha afinado su estrategia de comunicación: ha facilitado el turismo y permitido que los visitantes experimenten una vida cotidiana que suele percibirse como más normal de lo esperado.

Pese a ello, encuestas recientes muestran que la opinión sobre China en Occidente sigue siendo mayoritariamente negativa. Lo que parece haber cambiado es la percepción de Estados Unidos. Para muchos, el deterioro de su infraestructura, la polarización política y episodios asociados al gobierno de Donald Trump han debilitado su atractivo internacional, haciendo que China aparezca como una alternativa relativa.

Según especialistas, este interés no responde tanto a un entusiasmo genuino por China como a una reacción frente a la pérdida de atractivo estadounidense. Ying Zhu, académica que estudia el poder blando chino, señala que se trata de un fenómeno reactivo y potencialmente temporal, influido por modas culturales y dinámicas geopolíticas cambiantes.

Aun así, el giro perceptivo podría tener efectos concretos. Líderes occidentales han intensificado visitas a Pekín y promovido el comercio y el intercambio cultural. Además, encuestas indican que muchos jóvenes estadounidenses no ven con gran preocupación un posible liderazgo global chino, lo que podría reducir la disposición pública a asumir costos para contener su influencia.

El propio gobierno chino parece consciente de la fragilidad de este momento. Recientemente, el Ministerio de Seguridad del Estado advirtió contra influentes que idealizan la vida en el extranjero y minimizan los logros nacionales, al considerar que ello abre la puerta a una “agresión blanda” de ideologías occidentales.


Disclaimer

Esta nota es una reinterpretación automatizada, generada por inteligencia artificial, basada en información publicada originalmente por la agencia The New York Times. Su objetivo es presentar los hechos de forma neutral y sin valoraciones. Se recomienda consultar la fuente original para mayor contexto.