Fuente original: The New York Times
Autores de origen: Lily Kuo
Cuando el presidente chino Xi Jinping dio su mensaje de Año Nuevo desde Pekín, pidió al país recordar el legado de Yan’an, el bastión revolucionario donde Mao Zedong transformó a los guerrilleros comunistas en una fuerza disciplinada que acabaría tomando el poder.
La referencia resultó premonitoria. Yan’an fue también el escenario de la primera gran campaña de “rectificación” de Mao, una purga política que eliminó rivales y consolidó su autoridad absoluta. Tres semanas después del discurso de Xi, China destituyó al general Zhang Youxia, entonces máximo comandante del ejército y considerado hasta hace poco un aliado cercano del líder chino.
Al igual que Mao, Xi impulsa lo que denomina una “autorrevolución” permanente del Partido Comunista y de las fuerzas armadas, una renovación ideológica que se ha traducido en purgas constantes. La dureza de estas medidas marca un nuevo nivel de concentración de poder, el mayor desde la era maoísta.
En los últimos tres años, Xi ha apartado a cinco de los seis generales que integraban la Comisión Militar Central, el máximo órgano que controla al Ejército Popular de Liberación. Actualmente, solo permanecen Xi y un vicepresidente encargado de supervisar las purgas.
Tras la destitución de Zhang, las autoridades chinas ofrecieron escasas explicaciones públicas y limitaron el debate en internet. Mientras tanto, Xi continuó con su agenda oficial, reuniéndose con líderes extranjeros y enviando mensajes de lealtad y confianza a las tropas durante el Año Nuevo Lunar.
Los editoriales de los medios oficiales han defendido la investigación como una “higiene necesaria”, comparándola con la eliminación de “árboles enfermos” para reforjar al ejército, y han presentado a Xi como la fuente de “fuerza, dirección y futuro” de las fuerzas armadas.
Xi ha citado Yan’an de forma recurrente durante sus 13 años en el poder como símbolo de disciplina, pureza ideológica y autoridad suprema. Tras asegurarse un tercer mandato, rompió con precedentes y visitó la ciudad con altos cargos del partido y del ejército, exhortándolos a recordar su misión revolucionaria original y a reafirmar el “liderazgo absoluto” del partido sobre las armas.
Expertos señalan que Xi considera esencial construir una base de lealtad ideológica total ante posibles crisis futuras, especialmente en un contexto de creciente rivalidad con Estados Unidos y de tensiones en torno a Taiwán. Desde su llegada al poder en 2012, ha supervisado una extensa campaña anticorrupción y de disciplina interna, que el año pasado sancionó a cerca de un millón de funcionarios, la cifra más alta registrada.
La destitución pública y abrupta de altos cargos se ha convertido en una característica del gobierno de Xi, generando incertidumbre y temor entre la élite política china. Para algunos analistas, estas purgas reflejan tanto una demostración de fuerza como una estrategia para mantener bajo presión a aliados y adversarios.
Disclaimer
Esta nota es una reinterpretación automatizada, generada por inteligencia artificial, basada en información publicada originalmente por la agencia The New York Times. Su objetivo es presentar los hechos de forma neutral y sin valoraciones. Se recomienda consultar la fuente original para mayor contexto.