Fuente original: The New York Times
Autores de origen: Carlotta Gall y Hussam Hammoud
En enero, se produjo una fuga de prisioneros en Shadaddi, noreste de Siria, dejando abandonados enterizos naranjas a lo largo del camino seguido por los detenidos. Las dependencias de los guardias estaban vacías y las puertas de la prisión se balanceaban con el viento.
La fuga refleja cambios en el control de al menos dos decenas de prisiones de alta seguridad donde se alojaban miles de miembros del grupo Estado Islámico (ISIS). En semanas recientes, las fuerzas del gobierno sirio asumieron el control de varias zonas del noreste que antes estaban bajo las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), lideradas por kurdos y apoyadas por Estados Unidos.
El traslado de prisiones y campamentos, incluido Al Hol, que albergaba a más de 20.000 mujeres y niños, ha generado cuestionamientos sobre la seguridad y gestión de los reclusos. Badri al-Masloukh, vicegobernador de Deir al Zour, explicó que muchas familias en Al Hol no eran del ISIS y que mantenerlas allí no era una solución.
El gobierno sirio atribuyó la fuga a la retirada de las FDS sin coordinar la entrega del campamento, lo que habría creado un vacío de seguridad que permitió la salida de cientos de familias. Bashar Hassan, investigador independiente, señaló que el ISIS aprovechó el desorden para liberar a algunos miembros y apoderarse de armas, incluyendo a líderes de familias del grupo, como Um Fahad.
Organizaciones humanitarias advirtieron sobre riesgos asociados a la salida masiva de personas y posibles complicidades internas. Entre el 7 y el 9 de febrero, alrededor de 5.000 mujeres y niños fueron trasladados a campamentos en Idlib y Alepo, mientras que el gobierno monitorea a los reclusos extranjeros que abandonaron Al Hol.
En Shadaddi, se detectaron indicios de ayuda externa durante la fuga, pero el gobierno afirmó haber recapturado a todos salvo 20 prisioneros. Paralelamente, Estados Unidos trasladó a 5.700 detenidos de alto valor hacia Irak para ser juzgados bajo supervisión del Consejo Supremo Judicial iraquí.
En la prisión de Aqtan, a las afueras de Raqqa, tras enfrentamientos con guardias de las FDS, los jueces liberaron a 126 menores y a varios activistas de medios, mientras revisaban el resto de los casos, afectados por la falta de expedientes entregados por las FDS.
Disclaimer
Esta nota es una reinterpretación automatizada, generada por inteligencia artificial, basada en información publicada originalmente por la agencia The New York Times. Su objetivo es presentar los hechos de forma neutral y sin valoraciones. Se recomienda consultar la fuente original para mayor contexto.