Fuente original: WIRED
Autores de origen: Jeremy White
En el interior de la sede central de Lego en Billund, Dinamarca, una división poco conocida trabaja desde hace casi una década en lo que la empresa considera el futuro de su imperio del plástico. Se trata del Creative Play Lab, un equipo de 237 personas repartidas entre Billund, Londres, Boston y Singapur, dedicado a reinventar la experiencia de juego sin romper con la esencia del ladrillo clásico.
Sobre una mesa blanca reposan los prototipos del Smart Brick, un pequeño bloque negro de 2×4 que concentra sensores, luces, sonido y un chip personalizado. Aunque su aspecto es discreto, Lego considera que podría ser su innovación más radical desde la creación de la minifigura, diseñada hace casi 50 años por Jens Nygaard Knudsen.
El Smart Brick llegará a las tiendas el 1 de marzo como núcleo del nuevo Smart Play System, inicialmente integrado en una colección especial de sets de Star Wars. Estas construcciones incorporan luz y sonido interactivos que reaccionan al movimiento, la orientación y la manipulación física, sin pantallas ni aplicaciones externas.
El desarrollo del ladrillo inteligente está liderado por Tom Donaldson, vicepresidente sénior y director del Creative Play Lab. La idea surgió en 2017, cuando Donaldson reflexionó sobre cómo introducir tecnología en Lego sin convertirla en un objeto aislado. La clave, explica, era crear un sistema compuesto por muchas piezas pequeñas, interoperables y abundantes, como los ladrillos tradicionales.
El Smart Brick integra una matriz de LED, acelerómetro, sensores de luz y sonido, altavoz, batería con carga inalámbrica, bobinas de cobre y un chip ASIC de 4,1 milímetros que ejecuta software propio. Además, utiliza etiquetas NFC en fichas y minifiguras para modificar el comportamiento del juego según el contexto, funcionando como “cartuchos” físicos que activan distintas experiencias.
Para hacerlo posible, Lego colaboró con Cambridge Consultants, filial de Capgemini. El equipo desarrolló un sistema de posicionamiento tridimensional ladrillo a ladrillo con precisión milimétrica, capaz de detectar orientación y distancia entre bloques sin necesidad de conexión a internet ni dispositivos externos.
Uno de los mayores retos fue la carga inalámbrica “uno a muchos”: varios Smart Bricks pueden cargarse simultáneamente en una misma base, incluso integrados dentro de una construcción completa. Las mismas bobinas que cargan la batería leen las etiquetas NFC y permiten el posicionamiento espacial, una solución que el equipo considera una de sus mayores innovaciones.
Lego probó cada iteración del sistema con niños durante años, observando cómo interactuaban y ajustando el diseño para amplificar la imaginación en lugar de dirigirla. Según los desarrolladores, el objetivo nunca fue crear un gadget, sino una evolución del “System in Play” que pueda integrarse con cualquier ladrillo y durar décadas.
Tras intentos anteriores como Lego Dimensions, Hidden Side, Super Mario o Mindstorms, la empresa cree que el Smart Brick es el primero que encaja plenamente con su filosofía: no impone límites, no encierra al jugador en un ecosistema cerrado y no depende de pantallas.
“Si podemos lograrlo, todos sabemos que será algo grande”, resume Donaldson. Para Lego, el Smart Brick no es solo un producto nuevo, sino un cerebro universal para futuras generaciones de juego creativo.
Disclaimer
Esta nota es una reinterpretación automatizada, generada por inteligencia artificial, basada en información publicada originalmente por la agencia WIRED Su objetivo es presentar los hechos de forma neutral y sin valoraciones. Se recomienda consultar la fuente original para mayor contexto.